Juego de Espías
Por
Jenn1987
Declarativa: La historia es propiedad de Jenn1987 y los personajes pertenecen S. Meyer.
Capítulo 1. "Tras las líneas enemigas"
Eran
las dos de la mañana del lunes, y estaba acostada sola en mi cama, frustrada e
inquieta. La más reciente edición de la Revista Dinero descansaba sobre la
mesita de noche. Tenía casi memorizada la brillante imagen de la portada.
Nuevo Directivo de la Corporación
Cullen. ¿Puede llenar los zapatos que dejó su padre?
Debajo
de estas palabras estaba la fotografía de Edward Cullen sosteniendo un globo en
sus manos. Había llegado a conocerlo como el hermoso rostro del diablo, ya que
su mera existencia amenazaba la mía. No sólo era mi más reciente competencia,
si no también mañana sería su primer día como Director Ejecutivo. La
Corporación Cullen era la única compañía de tecnologías avanzadas en el mundo
que predijo superar las ventas de Dyco Tech en diez años, y la suerte quiso que
la sede de dicha empresa estuviera justo al cruzar la calle de la mía.
Lo
peor no era el hecho de que este hombre estaba destinado a obtener mi trabajo
algún día; sino que era, sin lugar a dudas, el hombre más hermoso en el mundo.
De hecho, la única razón por la que estaba despierta en este momento, era
porque cada vez que trataba dormir, me imaginaba haciéndole cosas terribles,
terribles al mencionado diablo – cosas que probablemente eran ilegales en
algunos estados.
Lo
odiaba – todo acerca de él – tal vez aún más que a mis fantasías.
La
primera vez que lo vi fue hace tres años en la convención de Baltimore. Me
estaba observando desde el otro lado del recinto y cuando su brillante mirada
verde encontró la mía, simplemente me sonrió y miró hacia otro lado. Eso fue
todo. Nunca más lo volví a ver, excepto en la portada de cualquier revista
financiera. Siempre fue el hijo de mi incansable enemigo, el heredero del trono
de la Dirección Ejecutiva que amenazaba el mío.
Tan hermoso enemigo.
Suspiré
por la jornada de trabajo que se avecinaba. ¿Cómo iba lograr terminar de hacer
algo cuando dicha distracción iba a estar a menos de cincuenta metros de
distancia de mí? Las seis de la mañana llegó demasiado pronto.
Las
mañanas de los lunes eran típicamente las más aburridas de la semana. Como si
levantarme tan temprano no fuese suficiente, tenía que acudir a insufribles
juntas y revisar insoportables informes de ventas. Mis días estaban organizados
desde el momento en que llegaba al trabajo hasta que me iba. Fue esta
dedicación la que me llevó hasta donde estaba en primer lugar.
Como
la primera mujer Directora Ejecutiva de Dyco Tech, tenía grandes zapatos que llenar.
Había comenzado aquí hace seis años y trabajé constantemente mi camino hacia la
cima desde entonces. Jason Jenks, el anterior Director Ejecutivo y dueño, me
escogió por encima de su propio nieto para ocupar su lugar, señalando mi
obstinada ética de trabajo y demandante presencia como esenciales para este
puesto, especialmente si continuábamos compitiendo con la Corporación Cullen.
En la
industria de la tecnología, había solo dos competidores liderando el camino en
el desarrollo y fabricación de robótica avanzada: Dyco Tech y Corporación
Cullen. Si alguien ha comprado cualquier dispositivo electrónico de cualquier
fabricante importante en los últimos seis años, lo más probable era que
contenían partes que fueron pensadas, diseñadas y hechas por una o las dos
empresas. Hace veinte años, sólo era Dyco Tech. La Corporación Cullen creció
rápidamente en la última década, y el patrimonio neto de la empresa se estaba
acercando al de Dyco. Iban a ser unos meses difíciles lo que venían, si es que
quería mantenerme a la cabeza.
“Buenos
días Bella,” Alice, mi leal asistente, me saludó cuando entró por la puerta de
la oficina con dos tazas de café. Bailó hasta mi escritorio, dejando allí mi
cappuccino y la más reciente edición de la Revista Dinero encima de mi teclado.
“¿Ya viste esto?”
“Tristemente,
sí. Tenga la suscripción,” dije secamente. Levanté la revista y me recliné en
mi silla, cruzando mis tacones sobre el escritorio enfrente de mí. Alice cambió
su peso mientras cruzaba sus brazos en señal de frustración.
“¿Por
qué no obtuviste la portada en la Revista Dinero, cuando fuiste la primera
mujer que logró ser Director Ejectivo de la agencia de tecnología avanzada con
mayores ventas en el mundo?” Alice hizo un mohín. “Lo mejor que obtuviste fue
la portada de Maxim.”
“Porque
mi papi no hace todo por mí,” susurré mordazmente, ojeando las páginas. Fruncí
mis labios y negué con la cabeza en disgusto. “Dios, es hermoso,” suspiré
aventé la revista en mi escritorio. Rodé mis ojos y tomé los binoculares del
primer cajón, girando ligeramente mi silla hacia el ventanal detrás de mí y
enfocando mi atención hacia la oficina localizada directamente al otro lado de
la calle. Parecía que el nuevo líder del mundo, por así decirlo, iba a llegar
tarde a trabajar.
Vaya líder.
Carlisle
llegaba al trabajo todos los días a las siete en punto. Intenté ganarle unas
cuantas veces cuando tomé el mando de la empresa, sólo para darme cuenta de que
su residencia en la ciudad estaba a dos cuadras de su oficina. Carlisle comía,
dormía y respiraba Corporación Cullen. ¿Sería igual Edward? Parecía que no.
Apenas
comenzaba a sentirme presuntuosa por mi puntualidad, cuando el bastardo entró
por la puerta de su oficina. Estaba vestido en un traje gris, el cual estaba
elegantemente hecho a la medida. Mi estómago se revolvió y quedé boquiabierta.
“¡Alice! ¡Ven aquí!” le hice un ademán para que se acercara, reusándome a
apartar la mirada de aquella visión. Alice prácticamente corrió hacia el
ventanal y me arrebató los binoculares.
“Ehh…luce
bien, supongo. Definitivamente apuesto. Puedo ver el encanto. Pero
¿impresionante? Yo no iría tan lejos.”
“¿Quién
dijo que era impresionante?” pregunté, bajando las piernas de mi escritorio y
girándome para encararla.
“Tú,
la semana pasada,” me entregó los binoculares y se dio la vuelta para marcharse
de mi oficina.
“Lo
odio,” gruñí.
“¡Diviértete
Harriet!” me dijo antes de cerrar la puerta tras ella. Manteniendo los ojos
fijos en Edward, le enseñe el dedo de en medio.
Harriet
la Espía se había convertido en mi apodo desde que Carlisle cambió su oficina
desde el otro lado del edificio hasta quedar enfrente de la mía. No es que
fuese particularmente interesante observar a Carlisle; tan sólo sentía que
estaba observando el territorio enemigo. Nunca me entrometí en su privacidad ni
lo observaba cuando era inapropiado, pero ver en que andaba metido era de algún
modo fortalecedor. Ahora, según parece, iba a tener el lujo de espiar a su
hermoso hijo cada día por el resto de mi empleo.
Edward
camino hacia su escritorio, colgó su saco y comenzó a trabajar en su
computadora. Una despampanante joven rubia entró unos minutos después con su
café y un paquete de documentos para que él los revisara. Tomó el bonche y la
despachó, casi sin darle un segundo vistazo. Ella era hermosa, con brillante
cabellera y bonitas y largas piernas. Apenas si la miró. Me giré hacia el
teléfono y marqué la extensión de Alice.
“¿Diga
amor?” contestó.
“Creo
que es gay,” dije en el altavoz.
“¿Por
qué?”
“Porque
ahuyentó a la rubia.”
“¿La
que tiene un frondoso escote?”
“Esa
misma.”
“Ah…es
explica mucho,” dijo Alice con una risilla. “Tal vez no es un caballero,”
sugirió, refiriéndose a mi película favorita de Marilyn Monroe.
“¿A
qué hora es mi primera junta?” interrumpí, inmediatamente cambiando el tema.
Desde luego, no deseaba empezar a pensar qué tipo de mujeres él pueda o no
preferir. Aún si prefiere a las castañas, estaba mal, muy, muy mal dormir con
la competencia. Sin importar cuán deliciosamente tentador pueda llegar a ser
que me empine sobre ese enorme escritorio y me --
Es el enemigo, Bella. Está fuera de
tu alcance -- completamente. Se supone que debes odiarlo, lo odias -- todo
acerca de él.
“Dentro
de cinco minutos,” respondió Alice, sacándome de mis ensoñaciones.
“Ya
voy.” Presioné el botón para terminar la llamada y me giré hacia el ventanal
con los binoculares una vez más. Ahora él estaba de pie, con su propio
dispositivo de espionaje; un largo telescopio, dirigido directamente a mi
oficina. Tan pronto me di cuenta de que él me estaba regresando el favor,
brinqué sorprendida y rápidamente me giré hacia el escritorio. Removí algunos
documentos, fingiendo estar ocupada para ocultar mi vergüenza. Era tiempo de
irme.
Tomé
lo que necesitaba para la reunión y me puse de pie. Ajusté mi vestido, y eché
un vistazo atrás para comprobar si aún me estaba mirando. Por supuesto que lo
hacía, sólo que había comenzado a burlarse de mi frustración. Mis ojos se
abrieron desmesuradamente mientras salía a prisa de la oficina, azotando la
puerta detrás de mí.
Como
decía, lo odiaba.
No
pude concentrarme en la reunión. Escuché algo acerca de las cifras de ventas y de ajustar nuestro
flujo de trabajo para coincidiera con la demanda, pero eso era todo lo que
recordaba. Puede que mi cuerpo estuviera en la sala de conferencias con mis
subordinados, pero mi mente se había quedado con el diablo en aquella oficina.
No podía dejar de pensar en cómo la tela de su costoso traje de diseñador caía
sobre sus hombros y brazos, la forma en que portaba ese look de ‘justo acabo de
levantarme de la cama’ encima de su cabeza, o la forma en que pretendía no
importarle nada de eso, como si accidentalmente se hubiese metido en esa ropa y
se despertó luciendo así de bien esta mañana. Sus verdes ojos mirándome
directamente desde esa condenada revista, estaban grabados en mi cerebro como
un mal accidente: algo que no deseabas ver, pero, por alguna razón, no podías
dejar de verlo. Y luego esa sonrisa, cuando se rió. Me perseguía --
malditamente a nada de enfriarme hasta los huesos.
Me
las arreglé para terminar la presentación efectivamente, y cuando anuncié el
final de los objetivos cubiertos, no pude salir más rápido de la sala. Alice me
escoltó de regreso a mi oficina mientras hablaba sin parar de lo que ella y su
prometido Jasper, habían hecho el fin de
semana. Algo sobre acampar y nadar sobre llantas en un lago. Me desconecté la
mayor parte de la conversación. Una vez más, mis pensamientos regresaron a la
vergüenza de ser descubierta espiando al Sr. Cullen. Ya en mi oficina, caminé y
tomé mi lugar en detrás del escritorio. Resistí la urgencia de agarrar los
binoculares y opté mejor por pretender trabajar en mi computadora, en caso de
que él me estuviese observando.
“¿Qué
estás haciendo?” Sonrió Alice, tomando asiento enfrente de mí.
“Fingiendo
trabajar,” expliqué. “¿Por qué? ¿Me está observando?”
Miró
detrás de mí y negó con la cabeza. “No, está escribiendo en su teclado,” susurró.
Giré mi silla y agarré la herramienta de espionaje del escritorio. “¿Te estaba
mirando antes?” Alice bromeó con una ligero tono de insinuación en su voz,
mientras se ponía de pie y se plantaba de frente al ventanal.
“Tiene
un telescopio,” respondí, sin siquiera molestarme en hacerle caso a su
insinuación. “Y sí, antes de que siquiera vayas allí, es un telescopio enorme.”
Comenzó
a reírse como si le hubiese quitado las palabras de la boca. “Me conoces
demasiado bien.”
“Bueno,
eres una dulzura, pero también una pervertida.”
Me
dio un codazo juguetón en el hombro y nuevamente me arrebató los binoculares de
la mano. “No permitas que esto se convierta en todo tu día Bella. Tienes
presentaciones que escribir,” Alice me recordó, antes de dejar los binoculares
sobre el escritorio y dirigirse hacia la puerta. “Además, él sólo es un sueño
Bella. Cualquier cosa que ambos puedan llegar a tener, inevitablemente
terminará en una decepción.”
Le
saqué la lengua y ella me guiñó antes de salir de mi oficina. Infantil, lo sé.
Tomé mi dispositivo para espiar y regresé mi atención a la sede de Corporación
Cullen. El por qué decidieron comprar la torre justo enfrente de la mía, estaba
más allá de mi comprensión, pero lo habían hecho de todos modos, y ya había
pasado más de una década.
Edward
estaba inclinado sobre su teclado, escribiendo rápidamente, como si apenas
tuviera escasos minutos para terminar algo. La rubia entró de nuevo, y él
apenas si se movió. Dio dos pasos en la oficina antes de que él le dijera algo,
ella se giró sobre sus talones, retirándose tan pronto como había llegado.
Parecía extremadamente dedicado a lo que fuera que estaba haciendo, y aquello
era absolutamente aburrido de ver para cualquier espectador.
Alice
tenía razón. No podía sentarme aquí todo el día y mirar a este extraño. Si me
atrapaban, estaría metida en serios problemas. Él era el enemigo, la
competencia, la única compañía en el mundo que amenazaba con quitarme el
trabajo. No había manera de que dejara a un engreído bastardo como Edward
Cullen, sentarse en mi lugar algún día, que le ordenara a mi asistente que
hacer y bebiera mi cappuccino late de vainilla cada mañana. Si no me ponía a
trabajar, eso es justo lo que iba a pasar.
El
día me abrumó. Reunión tras reunión, tras reunión. Finalmente, llegó la hora de
mi almuerzo de negocios con el Sr. Vanderhausen, un potencial comprador. Él
había estado esperando nada más que una cara bonita, pero cuando abrí la boca y
comencé a hablar sobre cifras de ventas y resultados mensuales proyectados, quedó
completamente deslumbrado. Acordó la compra de diez mil unidades incluso antes
de que yo mencionara el costo. Una parte de mi quería creer que su confianza en
la calidad de mi producto se debía a la calidad que Jenks había demandado, pero
sabía que en realidad era la mejor mujer para el trabajo, y tenía inteligencia
para demostrarlo.
La
emoción de conseguir un acuerdo multimillonario recorría mi cuerpo, y decidí
regresar a mi oficina para celebrarlo con Alice. Abrió el champagne mientras
sostenía mi copa para brindar. Chasqueó sus dedos como si se hubiese olvidado
de algo. “Servilletas,” siseó y salió a prisa de la oficina, cerrando la puerta
detrás de ella.
Acerqué
la copa a mis labios y despistadamente derramé el champagne encima de mi blusa
blanca.
¡TORPE!
“¡Maldita
sea!” grité, poniendo la copa sobre el escritorio y comenzando a desabotonar mi
blusa. Me la quité y me dirigí hacia uno de mis archiveros, dejando la blusa
encima para que se secara. De pronto, sentí una mirada sobre mí.
Lentamente
giré mi cabeza y miré por encima del hombro, captando la imagen de Edward
Cullen de pie frente a su ventana, mirando en mi dirección.
Me
paralicé.
Oh, gracias Dios que hoy usé mi sexy sostén
de encaje. Si él iba a verme semidesnuda, estaba agradecida que lucía bien.
Permanecimos
lo que pereció ser una eternidad sin hacer nada. Había esta conexión entre los
dos -- en este corto momento juntos. Sentí un ímpetu recorrer a través de mí,
mi pulso se aceleró y mi respiración se volvió errática; estaba descontrolada.
Algo en sus ojos era reconfortante, adorable. Parecía que aquello me atraía.
No
actuó desesperado ni pareció molestarle el hecho de ser descubierto.
Simplemente me sonrió dulcemente. Le regresé el gesto y, por alguna razón, no
sentí ni una pizca de vergüenza. De hecho, casi estaba excitada. Inclinó su
cabeza hacía mí, como si se estuviese despidiendo, y luego se tiró el saco
sobre el hombro, retirándose por completo de su oficina.
“¿Qué
hay con este tipo?” murmuré incrédula, poniéndome de nuevo la blusa y dejándome
caer sobre la silla, justo cuando Alice reapareció en la oficina.
“¿Por
qué? ¿Qué paso?” inquirió mientras se apresuraba hacia mi escritorio. “¡Ugh! Te
manchaste la blusa, ¿no es así? ¡Lo sabía! Toma,” me entregó una servilleta y
se sirvió una copa. “Entonces, ¿qué fue lo que hizo?”
“Me
vio medio desnuda, cuando trataba de limpiar el champagne de mi blusa,”
respondí, obviamente nerviosa.
Alice
comenzó a reírse. “¿Por lo menos hoy usaste un sostén?” le dediqué una mirada
molesta mientras ella continuaba. “¿Por qué no le llamaste y le preguntaste si
es correcto admirar a la competencia durante las horas de trabajo?”
“Sí,
y luego él nos va a preguntar si es correcto beber durante las horas de
trabajo. De todos modos, creí que estos ventanales estaban entintados.”
“Si
lo están, pero funciona en los días soleados. Bienvenida a Nueva York, donde
llueve trescientos días al año.” Se detuvo para terminar su copa y la posó
delicadamente sobre el escritorio. “Si no vas hacer nada al respecto, entonces
déjalo en paz. Así que ustedes se espían el uno al otro, ¿y qué? No hay nada de
malo con los juegos de espías de vez en cuando.” Con eso, me guiñó el ojo y
salió de mi oficina, decidiendo aparentemente que en realidad tenía trabajo que
hacer.
Me
quedé sola con la blusa manchada y mis pensamientos tortuosos. Me recargué en
mi asiento y me mecí hacia delante y atrás, tratando de obligarme a trabajar.
Fue infructuoso. Todo lo que deseaba hacer era mirarlo y sentir sus ojos sobre
mí, como lo habían estado hace un momento. Era un ímpetu desquiciante, como una
droga.
Es el enemigo, Bella.
Pasé
el resto del día tratando de resistir la urgencia de girar mi silla y ver lo
que estaba haciendo. ¿Por qué permitía que él me afectara de esta forma? Tan
sólo se trataba de un estúpido hombre por el que tendría que pasar encima con
el fin de tener éxito. Ya había pasado por encima de cientos, y esta hermosa
creatura no sería la excepción. Me prometí que esta obsesión tenía que acabar
hoy mismo. Mañana, cuando llegara, no habría más binoculares y ciertamente, no
más juegos de espías.
Alice
había venido hace unas horas para avisarme que se marchaba, así que supe que se
estaba haciendo demasiado tarde. Probablemente eran cerca de las nueve o diez
de la noche. Y tenía la certeza de que yo era la única persona que estaba en el
edificio, a excepción del vigilante de seguridad que se localizaba en la planta
baja. Me quité las horquillas de mi cabello y recorrí mis dedos por éste,
sobando las áreas donde más tensión se había acumulado durante el día. Me
recliné en mi silla y me mecí en ella. Cerré mis ojos y presioné mis nudillos
sobre ellos, tratando de aliviar la tensión. Cuando nuevamente los abrí, noté
que la luz de Edward aún estaba encendida.
Entonces,
se suponía que el juego de espías terminaba mañana, ¿no es así? No había razón
por la cual no pudiera echar un último vistazo. Tomé los binoculares y me giré
sobre la silla. No estaba allí. Debió irse y dejó accidentalmente la luz
encendida. ¡Maldición!
Justo
cuando estaba a punto de tirar mi equipo de espionaje en señal de frustración,
entró a su oficina con un documento en mano.
“¡Sí!
Sabía que aún estabas aquí,” murmuré para mí. “Un adicto al trabajo, ¿eh? Puedo
identificarme con eso.” Caminó hacia su escritorio y se sentó, tomando el
teléfono y marcando. “¿Ordenando comida? Me pregunto que come a las nueve en
punto de la noche, el próximo líder del mundo.”
Repentinamente,
el teléfono de mi escritorio sonó. Casi brinco del susto. “¡Maldición Alice! Te
di la maldita llave por una razón,” murmuré antes de levantar la bocina
molesta. “¿Estás abajo?” le grité forzadamente, asumiendo conocer la identidad
de la persona que llamaba, sin molestarme en comprobar el verificador de
llamadas.
“Ummm…No,
pero podría estarlo,” la seductora voz al otro lado de la bocina contestó. Me
di la vuelta en mi silla hacia mi escritorio y posé mi cabeza sobre mi mano.
Genial
Bella. Ahuyentando a un cliente. Probablemente están llamando de Guam para
quejarse de que esto y lo otro no
funciona. Definitivamente éste no era Alice.
“Oh,
lo siento mucho señor. Asumí que se trataba de alguien más. Esta es Isabella
Swan, ¿en qué puedo ayudarlo?” me disculpé profusamente, esperando que el cliente
no siguiera adelante y regresaran su pedimento, todo porque me había comportado
groseramente.
“Me
preguntaba si puedes dejar de espiarme. Está comenzando a hacer que me siente
un tanto incómodo,” la suave voz respondió. Me levanté y me giré tan rápido que
pude haberme lastimado seriamente en cualquier otra ocasión.
“¿Señor
Cullen?” tartamudeé, retomando los binoculares y mirando hacia su oficina. Se
relajó en su silla y poso sus pies encima de su escritorio, como si no
estuviese observando a la persona con la que estaba hablando.
“¿Así
que me has estado espiando?” su voz derramaba la más extraña mezcla de
adulación y arrogancia al pronunciar la siguiente sentencia.
“¿Y
supongo que tú solo estabas disfrutando de la vista panorámica?” espeté ácidamente.
“Ni te imaginas lo bien que luce desde este
lado de la calle.”
“¿Hay
algo que necesites?”
“Quiero
que dejes de espiarme.”
Antes
de poder pensar en una respuesta apropiada, la pregunta, “¿Por qué?” salió de
mi boca.
Qué pregunta
tan estúpida. ¿Por qué? ¡Porque es horripilante y va en contra de la ley,
tonta! Seguramente Edward le hablará a Jenks por la mañana. Todo por lo que he
trabajado se derrumbaría porque no podía dejar de ser entrometida.
“Bueno…”
pareció sorprendido por mi respuesta e inseguro de qué decir a continuación.
“¿Por qué no?”
“¿Cómo
obtuviste mi número? Es privado,” espeté.
“Conozco
a un tipo que conoce a un tipo.” Se detuvo para reírse. Suspiré frustrada
mientras continuaba. “Pero no contestaste mi pregunta. ¿Por qué me observas,
Isabella Swan? ¿Tienes algún interés particular en mí?”
Un
interés anormal sería más apropiado. “Yo diría que no. ¿Tienes tú algún interés
particular en mí?”
Con
eso, se levantó y se giró, reclinándose sobre el marco del ventanal. “¿Qué
harías si te dijera que si?”
Jaque mate, Cullen.
Sentí
la sangre recorrer hasta mis mejillas y el movimiento de mi boca se detuvo. Traté
de formas sentencias, sólo para darme cuenta de que no había nada apropiado que
decir. Él me tenía en sus manos. Podía decirle que pensaba que era hermoso y
que le encontraba extrañamente fascinante. O podía colgar la bocina e irme. De
cualquier forma, no podía mentirle, porque él ya sabía la verdad. ¿Por qué otra
cosa querría yo espiarlo, si no era por esas razones?
“¿Hola?
¿Sigues ahí?” la dulce voz sonó de nuevo.
Colgué
el teléfono y me recargué sobre el escritorio. Jadeé y miré sobre mi hombro
hacia el villano que me robó el habla.
De
repente, el teléfono timbró otra vez. Levante la bocina sin pensarlo dos veces.
“¿Qué quieres?” inquirí molesta.
“Contesta
mi pregunta.”
“Tú
me estabas espiando cuando estaba medio desnuda, ¿y ahora me estás exigiendo
respuestas? Ten algo de decencia, Cullen.”
“¿Decencia?
Tal vez deberías recordar eso la próxima vez que te pasees por tu oficina en
ropa interior,” se burló, tratando de ver exactamente cuán molestaba estaba.
“¿Hay
alguna razón de esta conversación?” gruñí cansada de sus juegos. Froté con la
mano mi frente, exasperada.
“Te
llamé de nuevo para disculparme.”
“¿Disculparte
por qué?” siseé.
“Por
espiarte…y por ser tan exigente.”
“¿Y
supongo que quieres que yo haga lo mismo?”
“Sólo
si así lo deseas.” Podía notar un atisbo de picardía en su voz.
“Supongamos
que no,” contesté inmediatamente, deteniéndome para recuperar el aliento. “Que
no quiero hacerlo, digo.”
“Bueno
--“
“Me
estuviste observando toda la tarde,” interrumpí. “¿No es así?”
Hizo
una pausa y después contestó, “Se podría decir que sí,” con franqueza.
“¿Te
gustó lo que viste?” lo provoqué. Debí haber colgado ya. Sabía que estaba mal,
pero era tan, pero tan divertido. Nunca llegaría a nada por supuesto, sólo
estaba jugando un poco con él.
“En
su mayor parte.”
“Es
bueno saberlo. ¿Hay algo más que discutir?” sonreí engreídamente, negándome a
voltear para comprobar si él me estaba mirando.
“Permíteme
enmendar mi falta.”
¡JA!
“¿Y
cómo harías eso?” bromeé, girando sobre mis piernas y mirándolo en su oficina.
Estaba de pie frente al ventanal, recargándose sobre este con su brazo derecho
y con sus piernas cruzadas casualmente. Su corbata estaba suelta y su camisa
gris de botones, arremangada hasta sus codos. Mi corazón se sobresaltó ante la
mera visión de él. “¿Vas a llevarme a cenar? ¿A emborracharme y cenarme?
¿Añadirme a la lista de tu libro negro?”
“Si
eso es lo que quieres,” respondió delicadamente. “¿Qué es lo que quieres, Srta.
Swan?”
Suspiré.
Todo de ti, la perversa Bella pensó.
“Desnúdate,” exigí. Nuevamente, demasiada diversión.
“¿Disculpa?”
asombro cruzó por su rostro.
“Sip.
Me las debes, amigo. Viste mis atributos, ahora déjame ver los tuyos,”
repliqué. No había manera que se escapara de esta.
Una
tímida sonrisa se posó en su rostro cuando dejó la bocina en su escritorio y
lentamente desabotonó su camisa. Mis ojos se enfocaron en el movimiento de sus
dedos mientras pasaba cada botón por el ojal.
Uno
por uno, lo hizo lentamente, provocándome con su tardanza. Sacó la camisa de su
pantalón y la deslizó por sus brazos, revelando la camiseta blanca interior que
tenía debajo. Tiró de ella por encima de su cabeza y permaneció allí como un
ángel caído del cielo.
¡Qué visión!
Buscando
a tientas, trajo el teléfono de vuelta a su oído. “¿Estoy perdonado?”
De
verdad no pude resistirme. “Quítate todo, rufián.”
“Eso
es más de lo que yo vi de ti,” razonó.
“Considéralo
como si fuesen intereses.”
“Tú
primero.”
Quedé
boquiabierta. No había palabras. Me había acorralado otra vez. Por segunda
ocasión en esta noche, este hombre me había robado el habla. ¿Dónde había quedado
aquella Bella contestona? ¿Dónde? Normalmente, podía pasar por encima de todos
los hombres como él, venciéndolos con mi pronto ingenio y mi obstinada actitud.
Con él, sentía que ni me podía mover.
Me
volví hacia el escritorio y consideré su oferta. ¿Sería capaz de hacer esto? Él
me lo estaba pidiendo, así que no tenía que preocuparme porque fuera a llamar a
Jenks. No había cámaras aquí, prácticamente todos habían abandonado el
edificio, y nadie lo sabría. Esto había comenzado como una broma y ahora me había
salido el tiro por la culata. Colgué el teléfono y me giré para mirarlo.
Pareció estar confundido al principio, pero rápidamente comprendió cuando
comencé a desabotonar mi blusa y desabrochar el zipper de mi falda.
Me
levanté y permití que la falda cayera alrededor de mis tobillos y que la blusa
se deslizase de mis hombros. Poniéndome detrás de la silla, caminé hacia el
ventanal y posé mis brazos contra los marcos, abriendo mis piernas a la misma
altura que mis hombros. Le sonreí y observé mientras desabrochaba su cinturón y
lo lanzaba detrás de él. Abrió su pantalón y lo deslizó hasta sus tobillos,
quitándoselo y acercándose más hacia la ventana. Copió mi postura y me sonrió.
Provocándolo,
le di la espalda y camine algunos pasos hacia delante, buscando detrás de mí y
amenazando con desabrochar mi sostén. Miré por encima del hombro para comprobar
si estaba al pendiente de mí, y lo estaba haciendo, asintiendo y deslizando sus
pulgares en la pretina de sus bóxers.
Esto
era intenso y el peso de la situación amenazó con acabar con mi confianza. Sus
ojos asaltaron mi cuerpo de una manera fascinante. Estos parecieron encender
algo dentro de mí, una bestia salvaje que había estado congelada por muchísimo
tiempo.
Un
fuerte sonido vibrante repentinamente salió de mi bolso, causando que brincara
y me volviera hacia el escritorio. Para cuando volteé de nuevo a su oficina,
Edward se estaba vistiendo y alistándose para irse.
¿Por
qué sigue haciéndome esto?
El
sonido vibrante se escuchó de nuevo, así que me apresuré a tomar mi bolso y
pesqué mi Blackberry, poniéndomelo al oído consternada.
“Maldición
Alice. ¿Qué?” grité, poniéndome la falda.
“¿Qué
estás haciendo?” me preguntó mientras masticaba una fritura.
“¿Qué
crees que estoy haciendo?” contesté cuando tomé mi blusa y me la ponía.
“¿Aún
estás en el trabajo?”
“Sí,
apenas estoy terminando…umm…” miré el escritorio buscando una buena respuesta.
“…el contrato de…Vanderhausen…” añadí.
“¿Y qué
está haciendo el Señor Sexy pervertido?”
“¡No
lo sé Alice!” suspiré.
“¿Aún
está trabajando?”
“¿Tal
vez?”
“¿Lo
estás espiando de nuevo?”
“Se
podría decir que sí,” admití a regañadientes. Ella jadeó, pero continué antes
de que ella lo hiciera. “¿Necesitas algo?”
“No,
sólo quería decirte que te estás perdiendo un gran episodio de Lost, ¿y adivina
qué? Sawyer y Juliet están follando. Es decir, ¡WOW! Ya lo esperaba, pero aún
así, ¡WOW!”
“¿Qué?”
estaba confundida al principio, pero inmediatamente fui traída de vuelta a la
realidad con el nombre de Sawyer. Bueno, no podía culpar a la chica por
interrumpir. Estoy segura que estaba sentada en su sofá con Jasper, esperando
mi llamada. Una vez que el programa terminó y yo aún no la había contactado,
ella decidió hacerlo. En cualquier otro lunes por la noche, cuando no estuviese
desvistiéndome para mi competencia, estaría sentada en mi sofá gigante con un
tazón de palomitas y mi Blackberry pegada al oído. Alice y yo disfrutamos
discutir el más reciente drama de la misteriosa isla inmediatamente después de
terminar cada episodio. “Oh, lo siento Alice. Por supuesto, yo um…aún no he
visto el episodio. Así que no me lo cuentes,” expliqué al mismo tiempo que me
ponía la blusa sobre mis hombros y la abotonaba, luego tomé mi saco.
“¿Por
qué creías que te llamaba?”
“Yo…um…algo
realmente extraño me acaba de pasar.”
“¿Te
encuentras bien? Suenas muy alterada.”
“Vete
a dormir Alice. Hablaré contigo por la mañana.”
“¿Estás
segura?”
“Sí.
Buenas noches.”
“Bells,
no creo --“
Presioné
el botón para terminar la llamada y apagué las luces, inmediatamente corriendo
hacia el elevador. Toqué el botón para bajar unas mil veces, y finalmente las
puertas se abrieron, permitiéndome escapar. En el viaje de noventa segundos
abajo, mi mente repasó lo que acababa de ocurrir. Me desnudé para mi
competencia, y él se desnudó para mí. Después, cuando estaba a punto de dar un
paso más hacia delante, él huyó. Acababa de enseñarle mi ropa interior a Edward
Cullen, y él salió corriendo como alma que lleva el diablo. ¿A quién estaba
engañando, tratando de aparentar ser sexy? Era tan sexy como un camión. ¿Por
qué hice eso? Me golpeé la frente con la palma de mi mano en señal de disgusto. ¡Estúpida, estúpida,
estúpida!
Cuando
las puertas se abrieron en la planta baja, caminé hacía la recepción y me
despedí de Ollie, el guardia de seguridad de la noche. Una vez que salí por las
puertas de cristal, busqué mis llaves en mi bolso y comencé a caminar hacía el
estacionamiento. Estaba lloviendo fuertemente. No lo había notado cuando estaba
arriba, así que tal vez la tormenta apenas comenzaba. Por supuesto, no estaba
prestando mucha atención a nada excepto a mi sexy competencia, así que es posible
que simplemente no me percaté de que llovía.
Encendí
el radio y subí al máximo el volumen con la esperanza de ahogar todos los
pensamientos sobre Edward Cullen, pero el esfuerzo fue en vano. Mientras más
trababa de no pensar en sus ojos devorando mi cuerpo, más deseaba que aún lo
estuvieran haciendo. Me sentí objetivada y, por alguna razón, me encantó. Era
la primera vez en mi vida que me sentía deseada, y había pasado un largo tiempo
desde que sentí algo así de intenso.
Él deseó
que me desnudara, como si el vistazo de antes no le hubiese bastado.
¿Qué tal si me deseaba tanto como yo
a él?
Tan
pronto como ese pensamiento cruzó mi mente, lo descarté. Era una tontería. Un
hombre como ese podía tener a cualquier mujer que quisiera. Estoy segura que prefiere
el tipo de modelos estúpidas por encima de…bueno…de alguien como yo. Una mujer
profesional, dedicada…inteligente.
Una vez
en mi edificio, estacioné el auto en mi lugar usual y me apresuré a entrar, ya
que no quería mojarme. Caminé hacia el elevador y presioné el botón, esperando
pacientemente a que las puertas se abrieran. Cuando éstas finalmente lo
hicieron, entré y presioné el botón de mi piso.
“¡Detenga
el elevador!” una voz gritó desde la recepción. Inmediatamente presioné el
botón para mantener abiertas las puertas hasta que la persona entrara.
Sorprendida, me di cuenta de que estaba mirando al mismísimo bulto de más de un
metro ochenta de pura tentación. La misma mirada de sorpresa cruzó por su
rostro antes de que rápidamente recobrara la compostura, dándome una simple
sonrisa mientras entraba.
“Srta.
Swan.” Su voz denotaba suavidad.
“Sr.
Cullen.” Fruncí los labios y enfoqué mi mirada en el suelo. No pude evitar
mirar arriba cuando su mano alcanzó el tablero para presionar el botón de su
piso…el cual se localizaba dos pisos arriba del mío. Asombrada, me volví para
encontrar su mirada. “¿Cuándo te mudaste aquí?”
“Bueno,
renté el lugar hace un mes, antes de mi ascenso. Pero lo he estado renovando.
Apenas me cambié aquí hace dos semanas.”
“Que curioso,
no te había visto.”
“A lo
mejor porque trabajamos horarios opuestos,” sugirió, cruzando sus brazos en su
espalda. Su alborotado cabello color bronce lucía aún más tentador en persona,
y la forma en que su pantalón colgaba de su cintura, me hizo desear que se
hubiera bajado los bóxers unos cuantos de minutos antes.
¡Maldita Alice!
Repentinamente,
se escuchó un fuerte chasquido. El elevador se detuvo, y todo se oscureció
momentáneamente antes de que las luces de emergencia se encendieran, bañándonos
en tonos carmesí.
“¡Oh
no! Creo que se fue la luz,” caminé, tratando de presionar el botón de
emergencia en el tablero. Él tomó el teléfono de emergencia para pedir ayuda,
pero aparentemente no tenía línea porque lo volvió a colocar en su lugar
frunciendo el ceño.
“Bueno,
supongo que estamos atrapados por el momento,” murmuró, dando un paso en mi
dirección.
Le
respondí, dando un paso hacia atrás. “Supongo que lo estamos.”
“Sabes,
no es agradable provocar a las personas de esta manera.” Edward inclinó su
cabeza y me miró, dando aún un paso más hacia delante. La mirada que había
visto esta tarde en sus ojos, había regresado. Esos orbes me estaban devorando
de nuevo.
De
pronto me encontré presionada contra la pared del elevador. “¿Quién dijo que el
juego de espías se suponía sería agradable?” Gemí, su hermoso rostro ahora a
centímetros del mío.
“¿Quién
dijo que estábamos jugando?” Con eso, me tomó por la nuca y llevó sus labios a
los míos.
Me
tomó por sorpresa, y no sabía qué hacer. ¿Debería detenerlo? No, ciertamente no
puedo hacer eso. Sabía tan jodidamente bien, a menta y puro hombre. Pero era mi
enemigo, debía detener esto, necesitaba detenerlo. Pero, por alguna razón, mis
manos no resistieron la urgencia de deslizarse por sus costados y enredarse en
su hermoso cabello. Tan suave, tan espeso.
Su
lengua atormentó mis labios, mientras sus manos tenían la misma idea que las
mías. Presionó su cabeza con la mía con cierta urgencia, una necesidad
radiante. Nuestros cuerpos se frotaban entre sí, creando un pulso eléctrico que
me estremeció hasta la médula. Nunca antes, en todos mis veintiocho años de
existencia, había sentido algo como esto. Era extraordinario.
Pero
necesitaba pensar.
Alejé
su rostro del mío y miré sus ojos color esmeralda. Di un profundo respiro y
reconsideré realmente qué putas estaba pasando. ¿De verdad estaba en un
elevador…besándome con Edward Cullen?
Se
supone que debo odiarlo, ¿lo recuerdas?
Entonces,
¿por qué cada hueso de mi cuerpo está pidiendo a gritos esto?
“¿Está
todo bien?” susurró.
Cuando
no respondí, presionó aún más fuerte su cuerpo contra el mío y rozó sus dedos
sobre mis caderas y detrás de mis piernas. Haló de mí y me levantó,
permitiéndome envolver mis piernas alrededor de su cintura. Sentí su polla
estremecerse contra mí, rogando por ser liberada de los confines de su pantalón
de vestir.
“Podemos
ser despedidos por esto,” gemí. “Está mal de cualquier forma que lo veas.”
Su
pelvis se frotó con más fuerza en la mía, rozando mi clítoris. Apreté mi agarre
en su cabello por un instante, antes de que levantara la cabeza y trajera esos
labios de terciopelo junto a mi oído. “Dime que no estuviste espiándome todo el
día porque me deseabas. Dime que no te gustó como te sentiste cuando te
desnudaste para mí. Dime eso, y todo termina aquí.”
Edward
se irguió para ver la expresión en mi rostro cuando le respondiera. Traté lo
mejor que pude para mantener la compostura, considerando que estaba más que
excitada en este momento. ¿Cómo podía resistirme a él? Después de lo que esos
labios podían hacerle a los míos, ¿cómo no podía sentir curiosidad de cómo se
sentirían sobre el resto de mi cuerpo? Una parte de mí sabía que esto era un
error y otra parte de mí se preguntaba si se trababa de una trampa, pero la
parte más grande de mí gritaba por sentir una vez más esos labios sobre mi
carne.
Que me despidan. Valía la pena.
Sus
dedos buscaron debajo de mi falda y se enredaron en el encaje de mi ropa
interior. Lentamente deslizó mi panti por mis piernas, sobre mis tobillos y los
sacó completamente de mi cuerpo.
Podía
sentir su erección estremecerse entre
los dos, endureciéndose más con cada segundo que pasaba, exigiendo atención. Me
escabullí del barandal y me puse de pie, para luego arrodillarme. Miré hacia
arriba y le sonreí mientras abría su pantalón y liberaba la tensión que estaba
creciendo allí. Lo provoqué lamiendo el glande, lentamente metiéndolo en mi
boca. Succioné y relajé mi garganta, permitiendo que su totalidad fuera
engullida por mí.
Murmuró
algo que sonó como, “No es justo, joder,” y golpeó su puño contra la pared,
seguido por su cabeza. Me miró, con esos ojos llenos de anhelo y deseo
ferviente, y supe entonces que esto no era una trampa. Estaba interesado en mí
-- y sabía que esto era un error. Estábamos completamente en la misma página.
Tal vez también una parte de él me odiaba -- era natural. El hecho de que no
debía haber nunca -- ni habrá nunca -- una relación entre nosotros era
absolutamente y jodidamente injusto, especialmente porque parecía que teníamos
una química increíble.
Me
levanté, y cuando recobré el balance, me empujó contra la pared una vez más,
arrodillándose y trayendo mi pierna sobre su hombro. Se lanzó con tanta pasión,
determinado a superarme y aún decidido a regresarme el favor. Su lengua trazó
círculos alrededor de mi clítoris mientras sus dedos encontraban su camino
dentro de mí, localizando mi punto G con precisión milimétrica. Era como si él
ya conociera mi cuerpo, como si supiera exactamente que botón apretar y cuales
presionar al mismo tiempo. Apreté mi agarre en su cabello y mecí mis caderas
contra su rostro. Su apenas notable barba frotaba mis muslos, mezclando la
justa cantidad de dolor con placer. Estaba eufórica, casi segura de que esto
era un sueño.
Como
había dicho, increíble jodida química. Un gemido brotó desde el fondo de mi
garganta y mi corazón estaba a punto de salirse de mi pecho.
De
repente, las luces se encendieron y el elevador comenzó a moverse de nuevo.
Nuestros pisos aún estaban iluminados, indicándonos que nos dirigíamos a
nuestros destinos originales. Edward inmediatamente se paralizó y me miró
completamente asombrado. Era como si nuestras identidades habían desaparecido
de algún modo en la oscuridad, pero ahora que las luces habían regresado,
habíamos vuelto a ser los mismos. Yo era la Directora Ejecutiva de Dyco Tech de
nuevo, y él era el Director Ejecutivo de la Corporación Cullen, y éramos
enemigos. Las luces de emergencia carmesí de alguna manera habían echado un
velo de amnesia encima de los dos, y ahora que realmente nos podíamos ver, un
resplandor sombrío cayó encima de nuestras recientes actividades. Se puso de
pie y dio unos pasos atrás, recorriendo nerviosamente sus manos por su cabello.
Reajusté mi vestido y torpemente recogí mi panti del suelo.
“Mi
apartamento es la primera parada,” susurré juguetonamente.
Los
ojos de Edward se abrieron desmesuradamente, justo cuando esos labios se
retorcieron en una sonrisa tímida. Una risa forzada salió de su garganta.
“Tienes razón. Podemos ser despedidos por esto,” Re abrochó su pantalón y tomó
su maletín. “Supongo que fue un error,” dijo apresuradamente cuando las puertas
se abrieron. “Lo siento.”
La
sangre se me subió a las mejillas, la furia crecía en el fondo de mi garganta,
y la única cosa que deseaba hacer en ese momento era golpearlo.
Así
que lo hice. Lo abofeteé tan fuerte como pude.
“¡Tú
me llamaste, cabrón!” le grité mientras salía del elevador. Me apresuré a mi apartamento,
con lágrimas derramándose de las comisuras de mis ojos.
¡Estúpida! ¿Cómo pudiste dejar que
esto pasara? ¿Por qué dejaste que esto pasara?
“Srta.
Swan,” su voz provino detrás de mí.
Por
mucho que deseaba detenerme y abofetearlo de nuevo, mis pies me llevaron hacia
delante, negándose a permitir otra confrontación.
¿Qué putas iba mal conmigo?
Se
había aprovechado de mí, pero yo lo había permitido. Busqué mis llaves al
llegar a la puerta, abrí rápidamente y entré a mi apartamento, azotando la
puerta detrás de mí, antes de que él pudiera avergonzarme aún más.
Me
recargué contra la rígida madera, colapsando en el suelo y envolviendo las
manos en mi cabello.
¿Cómo pude ser tan tonta?
Tocó
un par de veces la puerta, llamándome por mi nombre desde el otro lado. Después
de unos cuantos minutos de silencio, creo que debió haber concluido que no lo
enfrentaría otra vez esta noche. Creí haberlo escuchado marcharse por el
pasillo.
No
podía creer que había permitido que esto pasara. Una fantasía es una cosa,
¿pero hacerla realidad?
Lo
odiaba. Se suponía que lo odiaba. Necesitaba odiarlo, aunque sólo fuera para
mantenerme alejada de él. Por más que sabía todo esto, mi cuerpo me pedía a
gritos que abriera la maldita puerta. Pero no lo haría. Sabía mejor que eso.
Que bueno tenerte de regreso querida CIN.
ResponderEliminarYa empezo bueno el fic esperemos que siga igual aunque me quede un poquito frustada la verdad.
Hey Gaby, no te preocupes, ya publiqué el siguiente capítulo. Estoy tratando de traducir rápido. Y estoy segura de que Kris publicará los outtakes, pero no tengo idea de cuando lo hará. Muchas gracias por comentar Gaby XD
EliminarCin Kris ya no publico los capítulos extras que prometió de Ride.
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